Castilla-La Mancha es la comunidad más verde de España. Con casi dos millones de habitantes, actualmente genera alrededor de 3.400 megavatios (unidad de medida de potencia que equivale a un millón de vatios, y cada hogar consume de media 2.500 kilovatios al año) de los que 3.189 son de energía eólica –el año pasado el ábrego castellano sopló con más fuerza incluso que las borrascas gallegas–, que suponen un 22,7% de la energía eólica nacional. Y unos 220 de energía fotovoltaica, aproximadamente un 22% de la potencia de este tipo generada en nuestro país. La Mancha se corona así como la primera región de España en producción y consumo de energía renovable. Y quiere más: su próximo objetivo es lograr que en 2012 todo el consumo eléctrico de la región provenga de energías limpias. Según la Comisión Nacional de Energía, ya han superado el 50%.
En el caso de Castilla-La Mancha no hay duda. Con la Ley de Fomento de Energías Renovables e Incentivación del Ahorro y Eficiencia Energética aprobada por el Gobierno autónomico el pasado año, se convierte en la primera región española que eleva a rango de ley la aplicación de energías limpias en sus 79.463 km2 de superficie (representa el 15,7% del territorio nacional).

A 12 kilómetros de Puertollano, Ciudad Real, en las inmediaciones de El Villar, en el paraje de Navazuelas y La Gallega, un desvío de tierra conduce hasta la entrada de un parque de energía renovable fotovoltaica. "69,6 MW. Renovalia. Ingeniería y servicios", reza el cartel de entrada. Tras pasar el acceso, 400.000 placas solares instaladas en enormes estructuras se yerguen en una extensión de 200 hectáreas, el equivalente a 210 campos de fútbol reglamentarios. El gigante energético se basta a sí mismo para llamar la atención. Cuando dentro de breves fechas termine de construirse, será el más grande del mundo.

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